Dice que Paul Auster decía que escribir es algo horrible, que no tiene absolutamente nada del glamour que se puede creer por ahí, que son horas y más horas y más horas sentado en la misma silla de mierda de una habitación mal iluminada y peor ventilada, fumando mucho y de mal humor mientras tus fantasmas te susurran al oído.
Sinceramente, no lo sé.
Pero creo que sí, que escribir no tiene absolutamente ningún glamour.
Creo que más bien tiene que ver con la sangre que gotea de un cuerpo inerte dentro de una bañera que deja caer un brazo por un borde porque (obviamente y tradicionalmente) ha decidido cortarse las muñecas. Ese goteo, esa sucesión de fonemas o palabras sobre las baldosas blancas del cuarto de baño es la literatura. O mejor dicho la escritura.
Yo por mi parte, creo que lo intento tomar con más calma.
Tengo una ventana grande delante de mí que me ofrece todo tipo de posibilidades de cara al suicidio, pero como el protagonista de aquel relato (al cual tengo presente todos los días de mi vida, he descubierto) creo que mi sino se debate entre no poder suicidarme si vivo en un primer piso y no querer suicidarme si vivo en un piso alto. La vida, que es así.
Y claro, yo tengo que lidiar con pequeños fantasmas. Como. Por ejemplo.
El otro día volvía a casa y tiré una colilla encendida a un descampado cercano sin apagar donde están construyendo una iglesia supermoderna y supergrande y mientras entraba en mi calle imaginaba que ardía todo por mi culpa y nunca encontraban al culpable. La prensa podría hablar de acto vandálico o de atentado contra el poder establecido y yo decía. Ay dios, ay dios. Me atrae la idea del fuego, de cosas que se queman, de las explosiones, de la pólvora, pero creo que para ser pirómano tienes que tener ganas de verlo, permanecer allí al pie del cañón para ver como todo se reduce a cenizas. No largarte a tu casa, no irte y desentenderte.
Como quedarte viendo los fuegos artificiales a la 1 de la mañana y pensar que es lo más perfecto que se ha creado en el mundo, todos esos cohetes que al subir hacen... no sé, hacen pim y hacen pam, ¿no? podría ser pirómano de fuegos artificiales, sin duda. Pero para escribir poca llama de verdad se usa, la de encender el vigésimo-tercer cigarrillo (uno menos hasta el día del gran enfisema final), creo que ni siquiera pólvora, solo de la emocional, todas esas explosiones ridiculas en forma de portazos, bofetones, despedidas, rutinas que de repente se rompen, bip bip tiene usted un sms, también son guerras que libramos ¿no? Cada vez que se cae un vaso, cada vez que alguien hace un comentario que te atraviesa, eso es pura pólvora. Como cuando metes un brazo por una manga y estalla una costura y piensas oh, dios... Como cuando enciendes un cigarrillo muy corto demasiado cerca del ojo y salta una chispa a una pestaña y la incinera haciendo que cuando llega al folículo este estalle produciendo un sonido muy desagradable, tu Hiroshima particular dentro de tu párpado, una explosión en toda regla, trinitroglicerina, así me siento yo, así me siento cada vez que tú te vas y no sé cuando volveré a verte. Como si me estallaran todas las putas pestañas a la vez.

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