domingo, 3 de marzo de 2013

Cuentos infantiles sobre muertes en la mar

Yo solo sé escribir por encargo.

La primera vez que escribí un cuento infantil siendo adulto había llegado hace no mucho a Lyon y no me parecía lo correcto dar explicaciones sobre hacia donde movía la cama o las cervezas que bebía. Léase no me parecía lo correcto pero interprétese no sabía si era lo correcto. En aquel momento prefería cruzar toda la ciudad antes de dormir en una cama que no fuera la mía.

Ahora vivo al lado del mar como quien vive al lado de una bolera: siempre está bien tenerlo a mano, de vez en cuando hay un altercado, pueden pasar años sin que me acerque pero si un día lo quitan me va a parecer feo. Y sigo prefiriendo cruzar la ciudad a dormir en otra cama. Vuelvo a Madrid que tampoco tiene mar pero sí boleras y es algo así como el sitio al que nunca tuve que haber llegado, hasta el punto que por más que lo intenté, jamás logré llegar. No sé si tengo miedo a alejarme de la costa por morir de hambre como las gaviotas o porque me trague una ballena como a Jonás, pero Marie-Claire dice que dentro de la ballena tampoco se está tan mal.

Quizás no fueramos los mejores pero me conformo con pensar con que fuimos un banquillo de aúpa.
Aunque vengamos siempre desde el lado contrario.

Yo no quería que nadie leyera este blog. Esta era una hoja de ruta llena de ceniza sobre lo que jamás iba a conseguir hacer y ya lo ves, beber es mi forma de decirte "I love you". Hay viudas de muertos y nosotras somos viudas de vivos. Si alguien tiene la fuerza de escarbar en las palabras, sabrá lo que encuentra. Dicen que en esta area están todos los tesoros pero nadie ha cavado aún.

Podría declararme culpable por no saber bucear, por marearme al navegar en altamar, sería culpable si todo eso importase. Harto de buscar al doppelganger a sabiendas que es augurio de muerte. Cada vez que alguien me lee las lineas de la mano dice que no tengo linea de la vida.

Me vuelvo a Madrid como quien se va una noche con la guitarrista de Rebellion Soundtrack.
O quien se larga 170 kilómetros para escuchar un par de canciones.

¡Abridme las ventanas que quiero ver el mar! Somos viudas de marineros a la deriva a los que quizás se haya tragado una ballena y aún no lo sabemos. Aguantamos en tierra. Vomitamos por la terraza como si fuese por la borda. Nos mareamos en los terremotos. Nuestro camarote da al pasillo y la cena de gala se la tiene que calentar uno mismo. Como un atún que salta de charco en charco desde Lyon a Madrid sin hacer escala. Llamadme Ismael pero os juro que la ballena ya se ha ido.

Y aquel iceberg son solo los hielos de un cubata. Pero nos vamos a hundir igualmente.

lunes, 11 de febrero de 2013

La normalidad

Un par de explicaciones, nada más.

En este tiempo no he hecho otra cosa que quitarme a golpes el barniz de los dedos. He estado escribiendo para el fanzine "El bien común" un relato sobre Joan Manuel Serrat y terrorismo vasco llamado Baile de disfraces, del cual os dejo un fragmento aquí, al menos hasta que salga el fanzine entero.

Por otra parte he ordenado la multipolaridad virtual en esta página y he empezado a publicar alguna cosa en Desconcierto y Norma Jean Magazine. El e-mail y las redes están bien accesibles desde la página de ahí arriba y yo os recibiré de brazos abiertos.

Por último estoy trabajando en el Clonazepam IV (ya sin web oficial): un cuento infantil sobre el capitalismo del que no creo que salgan demasiadas copias. Cuando acabe con él escribiré otro relato para el primer postor que lo quiera en su fanzine o publicación o os lo arrojaré aquí.

El resto de mi vida no es tan divertido. Pero si quereis seguir leyendo buscad a Laura B. por internet, leed a Hilia, o coged un miserable periódico. El mundo se está poniendo muy interesante.

lunes, 12 de noviembre de 2012

El acto reflejo de tragar

Carraspeo. Linda King no dejó a Bukowski, ruiseñor deséame suerte, porque Bukowski le pusiera los cuernos, algo con lo que contaba Linda King, Charles Bukowski y probablemente doce tercios de la población mundial. Linda King dejó a Bukowski harta de la necesidad de este por contarle con pelos y señales cada vez que lo hacía. Porque evidentemente de nada sirve hacer algo si luego no lo vas a inmortalizar relatándoselo a otra persona, en este caso, su pareja de suya.

También nosotros creo que en algún momento solo hicimos las cosas por poder contarlas más tarde, qué quieres, éramos jóvenes y audaces, no nos faltaba nada excepto literatura y todas las salidas de tiesto sucedieron (como si hubieran sido algo involuntario) con el único fin de poder teatralizarlas más tarde. Buscábamos el underground pero nos dejábamos las rodilleras puestas. No conseguimos, por más que lo intentamos, meternos en ninguna pelea, los toxicómanos nos rehuían y nuestros hogares siempre fueron templos de cariño y dedicación. Ante tal desolador panorama tuvimos que conformarnos con atrapar y matar a la ardilla.

Pero aquella ardilla se lo merecía.
El amor es encontrar a tu alma gemela y ver como con el paso de los años aquel ser tan especial se convierte en un humano como cualquier otro.

Imagino que por eso nos dejaron los revolcones y ahora que llueve, llueve, llueve hasta enterrarnos en el mar, ahora se nos abre el cielo para construir nuestro ghetto de drama. ¡Claro que somos adolescentes conflictivos! ¡Claro que somos oscuras almas tapizadas con ceniza y tardes malas, cargadas de dolor en nuestros jovenes cuerpos! Y vamos a demostrar lo turbios que somos en el lecho, exactamente como todo el resto del mundo: follando, follando, follando hasta enterrarnos en sal. Y cualquiera que se baje del barco es un reprimido, conformista, acomodaticio, dejando el canal puesto del televisor y negándose a hacer zapping, uno más.

Pero Camus ya decía que un rebelde es aquel hombre que dice no.
¿Quieres conocer al próximo ejército de liberación?
¿Sabes cual es la nouvelle vague de rebeldía?

Todas las chicas que nos dieron calabazas de noche. Los hombres que solo nos querían para follar.

Diguem no! Os deseo suerte, ruiseñores, si queréis afrontarlo. El sexo por transgresión ha muerto, no os creáis lo que dicen de los hombres: si a un hombre le pagasen por hacer el amor, lo odiaría enseguida. No os creáis lo que dicen las mujeres. Absolutamente nada. Creed lo que dice el cuarto mono místico, el que no se tapa ni ojos ni boca ni oídos, aquel que se tapa el sexo. El futuro no está en las sábanas, no vais a prenderle fuego a nada por mucho frotar.

La revolución es limpiar los cristales un día de lluvia y eso lo saben en Lyon, en Varsovia y en Bucarest. Vosotros veis caer lágrimas pero yo solo oigo llover ranas.

viernes, 26 de octubre de 2012

L'enfer is una Kuchen di maçã

A lo lejos alguien canta. A lo lejos.

Los tres mejores finales de la literatura universal son (sin orden aparente) Adios a las armas de Ernest Hemingway, A puerta cerrada de Jean-Paul Sartre y Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. The Lost Continent de Bill Bryson se abría con "Vengo de Des Moines. Alguien tenía que hacerlo." y para alguien que alardea (no nunca lo suficiente) mucho de donde viene y esconde lo necesario sobre adonde va, todo esto le parece un exceso de cortesía. En realidad no hacía falta nada de esto, pero del resto ya darán cuenta en el final de curso las chicas de gimnasia rítmica.

Pero la calle está repleta de soldados.

La revolución solo era cartón piedra y cuando estábamos muertos eramos mucho más guapos. Pero todo eso ya lo sabemos. Ahora mi vida se deshace entre idiomas, los mismos idiomas que persiguen el desorden que soy y dentro del caos le tengo miedo hasta a los relojes, al de las 8.30 de la mañana, al de las 17.00 de la tarde pero sobre todo al de las 03:00 am de la madrugada. Los relojes solo saben protestar hasta que se gastan sus pilas pero aún con las pilas gastadas aciertan dos veces al día. Hay muchos idiotas que de vez en cuando dan en el clavo (gracias Salvador por decir exactamente lo que vi). Hay muchos clavos que necesitan un idiota pero a este idiota no le importa no tener clavos.

Quizás Jesucristo quiera tener la palabra en este momento.

Todos esos idiomas abren camino, io ti porto nel cuore, você gosta de mim?, Ich heiße Charlie Duncan, pero para que yo me llame como me llame, espera, eso ya os lo he contado. ¿Os he contado lo de Lyon? Cuando oigo hablar francés ya no distingo las palabras, solo parece que alguien canta desde la lejanía, desde otro país, aquel al que todos vamos y al que nunca podemos regresar. Los idiomas son mi manera de sintonizar el dial para localizar aquella frecuencia pero todos los idiomas son el mismo y todos tienen una palabra distinta para llamar a las manzanas.


A lo lejos alguien canta. Y una mierda. A lo lejos muere un gallo y una mujer se queda dormida. La cosecha está sin recoger, el perro ladra y el viento se pasea entre el trigo. Más lejos aún hay un árbol y bajo él Eva dice "toma, pruébala" y Adán dice "no gracias, acabo de desayunar" y Eva como manda la tradición le contesta "¿me vas a hacer el feo?" y Adán concede un "de acuerdo, solo un trocito".

Y así sucede y con ello se explica absolutamente todo.

martes, 14 de agosto de 2012

La vida por más que quieras te sigue siendo eterna

Te recuerdo Amanda. La calle mojada. Era octubre o por lo menos lo parecía, los pasquines tapizaban las avenidas como si fuera la Avenue Albert Einstein o eso ya es otra historia y merece ser contada en otra ocasión.

Salimos tan solo a tomar unas copas, una de esas raras veces en que combinabamos nuestros horarios absurdos y nos olvidábamos de lo incapaces que eramos de pasar un buen rato juntos. A veces dudo si esta historia me pertenece o en realidad la vivió Charlie Duncan. Supongo que es dificil distinguirlo a estas alturas del episodio.

Yo tenía un ambicioso plan y por una vez en la puta vida no consistía en sobrevivir.

Aquel plan era parte de alguno de los miles de momentos que acordamos casi contractualmente y en silencio que jamás podrían ocurrir. Mi plan era largarme a Madrid para perseguir mi verdadera pasión, tomar la iniciativa como banderillero en alguna tarde anodina y gris de Las Ventas. Pero aquel plan se fue por el desagüe como prometía el axioma: los planes que no pueden fallar, fracasan nueve de cada diez veces. El largarse con la música a otra parte, con mi odiada maleta marrón que me sirve de eje de gravedad y en este ejemplo, de música y "la otra parte" mi Madrid de mierda hizo que todo se convirtiera en una tarea tan inutil como intentar no perder el iPod cuando vuelvo a casa de noche. Imagino que los funcionarios de la oficina de objetos perdidos podrán derramar lágrimas de tinta sobre esto.

Ahora solo bebo cerveza barata. Somos dos obreros de ahora de esos que cualquiera de vosotros ve en la calle y a veces no se da cuenta.

Recuerdo que cruzábamos la tormenta como... como nada porque nada es capaz de atravesar una tormenta. Pero lo intentamos, atravesamos la avenida, hablamos bajo el monzón con un conocido, llegamos a puerto, cruzamos a la playa y allí en el puerto sonó la sirena.

Charlie Duncan siempre se iba con las chicas por aburrimiento. Aquella noche en la playa me robaron el iPod y me quitaron toda la música que usaría como equipaje.

Mi madre me compró una libreta preciosa para que hiciera algo parecido a Manual de instrucciones de Lyon (que luego se convirtió --en una edición extendida-- en Cosas que hacer en Lyon cuando no estás muerto y posteriormente en Lárgate a una ciudad que se llame R). Recuerdo que allí en El Retiro te conté que tenía algo en mente pero que no sabía acabarlo. De repenté callé, te pedí permiso para quitarme los zapatos y te expliqué porque me dolían y todo cobró sentido. 

Tuve que arrancar la primera página donde ponía MADRID (de lavapies de emperatriz) porque a mi hermana y a mí nos hacía mucha gracia cambiar el orden de la canción. De la misma forma que taché PARIS de la libreta que me regaló en su día Antía y escribí LYON, CONA, LYON. Porque Paris apesta hasta sus cimientos pero nos han dejado un poco de música. Y no se puede gritar muy alto contra la ciudad que tiene los tejados más bonitos del mundo porque los tejados son sitio de gatos y suicidas y los dos tienen muy claro qué quieren de la vida. O de lo que esta queda.

Llegamos a la playa y le dijiste a Charlie Duncan que teniais que haceros una foto ya que no teniais apenas fotos y Charlie Duncan os la sacó, con la mandíbula casi desencajada. Se parece mucho a aquella vez que Charlie Duncan conoció a una chica con novio al que solía olvidar a ratos y esta chica se lo llevó al mismo lugar donde se había sacado la foto y Charlie le dijo ¿para que me traes aquí? y ella le dijo ¿tú qué crees? y Charlie le contestó para ver parejas follando y que te acuerdes de tu novio y se la llevó de vuelta al bar.

Así que mi madre se equivocó (por primera vez en su historia) y no me voy a Madrid.
Aunque puede que no se equivocara y tan solo fingiera.
Ahora no sé que escribir en la primera página. Quizás solo fui el limpiabotas que quería ser torero. Quizás todo esto es tan solo un exceso de drama.

Me siento incapaz de poner una mala palabra al lado de Coruña así que tengo claro que mi nueva guía de viajes se llamará QUIMIOTERAPIA. Quimioterapia como la que nunca calmó mi salón aquel septiembre, como la que no evitó que ella dijera échame agua, si no coges el teléfono tú, tampoco pasará nada. Nuestras vidas son caminos que van a dar a un kebab.

Sé que estoy solo en esto y no quisiera morir sin haber mirado en una alcantarilla. Sé que estoy solo en esto pero a veces ella pasa y me olvido de los isótopos radioactivos y de los vómitos forzados, de la flaqueza, de la convalecencia y las sabanas limpias, de no saber nunca nada, no saber qué pasaría si jamás pasara nada, de no saber qué pasa cuando nunca pasa nada.

A veces ella pasa y ¿saben qué? Charlie Duncan puede dar fe de ello.
Ella caminando, lo ilumina todo.

domingo, 8 de julio de 2012

De como Pongo encontró a Perdita

Dicen que enamorarse es como encontrar una aguja en un pajar y yo que soy muy torpe siempre me pincho. Ellos dicen ¡de eso se trata! pero yo siempre tengo miedo como de las monjas, del agua y los niños. Hay veces que la vida no te deja tregua.

Pero tambien hay veces que metes la mano y te pinchas y encuentras la aguja y eso está bien.

Ojalá lo nuestro fuera de película pero el presupuesto se nos está yendo en cigarros, en ron Bardett, en gaviotas que graznan graznidos de fuego y sus alas de acero me sacuden la ceniza cuando vuelvo a casa, algunas hasta me preguntan "¿a dónde vas flaco?" y con sus ojos de gaviota no se dan cuenta de que ya no soy tan flaco ni siquiera soy alguien capaz de responder a preguntas que antes respondía en un momento tan sutil como cuando vuelvo a casa.

Pero, creo que lo intuías, nos han dejado un poco de música.

Todo lo que sé del amor lo aprendí a los 15 años viendo cine, y en las mejores salas solo echaban Titanic, ante la cual me cansé de escupir demonios porque el amor de Jack y Rose no vale un centavo pero si sé de algo es que puedo aferrarme a un madero que flota como el más valiente, tú quizás preguntes "Jack, ¿cómo está el agua?" y yo diga "¿cómo? está buenísima" y eso que apenas sé nadar pero entonces y solo entonces quizás tú saltes y te vengas conmigo y los dos disfrutemos de un chapoteo de gaviota trágica, de un eterno volver a casa --casi de mentira-- y así nos hundiremos, y así nos hundíamos, y así nos hundimos.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Y ahora qué.

Dicen que uno se hace de su equipo en los descansos, cuando no es necesario prestar atención al desarrollo del encuentro ni gastar los ánimos en gritarle al árbitro o en hacer cola para el baño. Uno siente sus colores cuando se levanta para dejar pasar y tiene que dibujar la segunda parte en su mente, uno siente la sístole cuando el jugador está quieto esperando a que el árbitro pite para lanzar el penalty.

Uno se atrinchera siempre cuando no pasa nada.

A mí me acaba de gustar la película cuando voy a mear, saboreo la comida mientras espero a que la traigan, y disipo las dudas sobre el gran proceso revolucionario en jornadas de reflexión. Es imposible disfrutar un viaje en otro sitio que no sea volviendo o yendo o recordándolo. Es imposible amarrar la tienda de campaña con piquetas cinéticas, al final los cimientos se plantan siempre con hierro potencial.

Por eso creo que la gente se enamora en las ausencias, se aprende a querer en el tiempo que pasa hasta ver aparecer su coche, al descanso del primer tiempo, uno se levanta para ir a comprar algo y piensa diablos, qué viene ahora y ¿y si no marcamos? y ¿a qué puesto bajamos si perdemos este partido? y muchos ay Dios y llega a la barra del ambigú y encuentra a un conocido que le dice ¡Cuanto tiempo! ¿Qué es de tu vida? ¿Cómo te va? Oye, te noto distraido y claro, qué se le dice, mira, si perdona, estoy ocupado disfrutando el momento que viene.